El licenciado Carlos Sigvardt, experto en educación emocional, visitó nuestra región para compartir conceptos fundamentales sobre el manejo de las emociones y el impacto de la virtualidad en los jóvenes. En una charla profunda, el especialista advirtió que el 80% de las enfermedades actuales tienen un origen emocional y remarcó la urgencia de aplicar estas herramientas tanto en la escuela como en el hogar.
¿Qué es la educación emocional?
Para Sigvardt, la educación emocional es el mejoramiento de las habilidades para gestionar lo que sentimos con un objetivo claro: sentirnos mejor. El experto explicó que el 90% de nuestro diálogo es interno, y la forma en que nos hablamos a nosotros mismos determina nuestro estado de ánimo y salud física.
«La persona que se vive quejando o culpando a otros genera cortisol y vive contracturada. Necesitamos ser optimistas y entender que, así como pensamos, nos sentimos», afirmó.
El impacto de la virtualidad y la «generación ansiosa»
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue el análisis sobre el uso de teléfonos inteligentes. Sigvardt señaló que los dispositivos han sustituido la crianza natural, creando lo que denomina la «generación ansiosa».
Amnesia emocional: El consumo constante de pantallas evita que los jóvenes conecten con sus sentimientos reales.
Pérdida de sociabilización: Muchos adolescentes prefieren la interacción con inteligencias artificiales o redes antes que el contacto cara a cara, lo que genera una profunda soledad a pesar de estar «hiperconectados».
Cultura del deseo: La virtualidad fomenta la idea de que la felicidad está en el «tener» (objetos, estética con filtros) y no en el «ser».
Herramientas para docentes y padres
Consultado sobre el estrés que atraviesan los docentes y las familias, el licenciado ofreció estrategias concretas para fortalecer la salud mental:
Priorizar el bienestar propio: «Para brindar contención a los demás, primero debe estar bien uno mismo».
Fomentar el «hábito de ayudar»: Sigvardt sostiene que no hay nada más sanador que ponerse al servicio de otros; esto fortalece la autoestima y corta el círculo de la queja.
Límites y frustración: Remarcó que los límites son necesarios. Un niño que aprende a tolerar pequeñas frustraciones desde temprano tendrá mejores herramientas para enfrentar la crueldad o el «bullying» en la adolescencia.
Habilitar la palabra: Crear espacios de diálogo en la mesa, sin teléfonos, donde el joven sienta confianza para contar tanto sus logros como sus errores.
El valor de lo presencial
Finalmente, el especialista destacó la labor de los clubes y las actividades al aire libre como espacios de superación personal y socialización real. «Lo único que manejamos es el momento presente. La ansiedad es anticiparse a un futuro que nuestro cerebro suele imaginar trágico. Hay que engañar al cerebro con movimiento, música y afectos reales», concluyó.
Sigvardt, quien ha brindado charlas en diversas escuelas de Viale, enfatizó que la escuela sola no puede: se requiere un trabajo conjunto entre sociedad, familia y comunidad educativa para proteger la salud emocional de las nuevas generaciones

